El mal dicho desperdicio del agua:

El término desperdicio hace referencia al hecho de malgastar algo o no aprovecharlo adecuadamente, sin embargo, cuando nos referimos al agua como recurso, no sería muy apropiado decir que el agua se desperdicia o se malgasta, por el contrario, el agua se infiltra, se evapora, se transpira hacia la atmósfera por medio de las plantas, de los animales y de nosotros mismos. 

Incluso, si hiciéramos uso del término diciendo que el agua se desperdicia por dejar una llave o manguera abierta (por nombrar algunos ejemplos básicos y muy cotidianos) seguramente esto representaría un  claro ejemplo de desperdicio, pero realmente no lo es, el agua inmediatamente luego de usarla o no, se incorpora de nuevo al conocido ciclo del agua, de igual manera si esta fuera potable, el cloro se volatiliza por efecto de la radiación dejando correr las moléculas del agua. En este sentido, el problema real del agua no es el desperdicio, es la contaminación de la misma. 

Alterar la composición física y química del agua significa que no podemos utilizarla sin previo tratamiento, el agua se convierte en un recurso limitado, de poco acceso y que además resultarí inapropiado dejarla correr. De esto sí tendríamos culpa los ciudadanos, pues a pesar de que el agua por su misma naturaleza puede autodepurarse, sin embargo, cuando descargamos contaminantes en cantidades mayores a la capacidad que tiene para autodepurarse, la misma se contamina, y ese contaminante es conducido aguas abajo sin ningún tipo de control, entiéndase bajo este concepto no solo la contaminación puntual por la descarga directa de aguas residuales, sino también la contaminación difusa por plaguicidas y fertilizantes que son producto en gran medida de la degradación del suelo. 

Esto sin duda representa hoy en día tanto en Guatemala como en varios de los países en la región, una lamentable realidad, visible en sus propios lagos y ríos, cuyas condiciones físicas y químicas son mayores a todo tipo de medidas, parámetros o rangos permisibles. 

La solución a esto no es dejar de desperdiciar el agua, tener una ley de aguas, o bien, dejar de aprovecharla, personalmente creo que con las leyes que tenemos actualmente vigentes en Guatemala se podría hacer mucho, las leyes y los reglamentos están para cumplirse, para hacerse valer, son muy claros y como ciudadanos debemos ser garantes de ellos y de su aplicación. 

No esperemos que el gobierno o las municipalidades nos marquen el paso, aunque legalmente sean ellos a quienes les corresponda, de nuestra parte (como individuos dependientes del agua), podemos actuar, educarnos y crear consciencia de lo importante que resulta contar un recurso vital sano y sin contaminantes. 

A menudo pienso que el problema del agua (y de muchos otros problemas en el país) radica en nuestra poca o ninguna responsabilidad ciudadana, nos falta ganar consciencia, educarnos y reconocer que sencillamente estamos constituidos de agua. 









Comentarios

Entradas populares de este blog

División hidrológica de Guatemala:

Cuencas transfronterizas de Guatemala

Presentación: